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Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?

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martes, 14 de abril de 2015

El reloj.


"La muerte vive en la agujas de mi reloj. 
Es culpable de matar mis segundos dándoles vida."

Odio el tick tack de los relojes, me ponen nerviosa. No quiero mirar nunca la hora. No quiero saberla. No me interesa. No quiero mirarla y ver como pasa el tiempo, como lo voy perdiendo, como se mueven las agujas mientras en mi habitación es lo único que se escucha. 

El reloj me dice:

"Mírate, aquí, perdiendo el tiempo mirándome, escuchándome mientras tú estás aquí, hundida, rota... ¿no te ves? yo si me rompo puedo tener arreglo, pero, tú... tú estás rota hace mucho tiempo." 

No quiero escucharlo. 
Quiero destruirlo. 

Continúa diciéndome:

"¿Nadie te ha arreglado aún? ¿Nadie lo ha intentado? ¿No merece la pena intentarlo, pequeña?" 

"Aunque me arreglen, siempre tendré las cicatrices de haberme roto una vez", le dije yo.

"Pero, siempre alguien estará dispuesto a besarte esas cicatrices, o incluso a arreglarte cada vez que te rompas.", insiste el reloj.

"No tengo a nadie.", musité.

"¿Segura?", preguntó insinuándome.

En aquella habitación sólo estábamos yo y un reloj. No tenía a nadie, excepto a aquel objeto.

"¿No ves a nadie?", continúa preguntándome, 

"No", respondo mirando a mi alrededor.

"Entonces estás ciega. No quieres abrir los ojos. No aprecias quien verdaderamente está a tu lado dispuesto siempre a arreglarte cada vez que te rompas. Dicen que las cosas que no se aprecian ni se valoran a tiempo se pierden, ¿quieres quedarte ciega para siempre? ¿Quieres perder todo?"

"No quiero perderlo todo. No quiero estar ciega.", confesé con la voz entre cortada.

"Abre los ojos y aprecia, pues."

Y desperté. Un sueño. Había tenido un sueño con un reloj que me hablaba. Miré a mi alrededor. Me giré al otro lado de la cama y vi dormir a mi lado a la persona que siempre ha estado conmigo. Lo agarré de la mano y sonreí. Sonreí por tenerlo ahí. Por ser él. Por todo. 
En la mesita de noche, encima de mi libro que suelo leer por las noches antes de acostarme, había una nota anónima. 

"Si abres los ojos a tiempo no te quedarás ciega."

Y significó algo más que un sueño para mí.


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